La poesía que camina descalza
En honor a Karol Santamaría
(Gracias por tu libro… y un pedacito de ti)

Leer Poesía sin techo no es abrir un libro, es abrir una conversación.
Sus poemas no se imponen, se acercan despacio, como quien se sienta a tu lado y te habla desde lo que ha vivido. No hay artificio, no hay distancia. Solo emoción, memoria y esa forma tan suya de mirar lo cotidiano y descubrir en ello algo extraordinario.
Karol tiene esa mirada que sabe detenerse donde otros pasan de largo.
Encuentra poesía en los pequeños gestos, en las dudas, en las heridas que también enseñan. Y consigue que quien la lee se reconozca, porque habla de lo humano, de lo que todos sentimos alguna vez.
Cuando la conocí, me transmitió paz y seguridad.
Después la leí… y sentí exactamente lo mismo.
Su escritura es como su forma de ser: serena, honesta, sin necesidad de alzar la voz para llegar dentro.
Que me dedicara su poemario lo convirtió en algo más que una lectura.
Es un gesto que guardo con cariño, porque detrás de esas páginas está la persona, la amiga, la mujer que escribe como vive: con autenticidad.
Karol no escribe para adornar el mundo, escribe para entenderlo y compartirlo.
Y en ese compartir está su mayor fuerza: hacer que la poesía deje de ser lejana y se vuelva cercana, habitable, casi cotidiana.
Porque hay libros que se leen…
y hay libros que se quedan acompañándote.
Y el suyo es de los que se quedan.

— Karol Santamaría
Del poemario Poesía sin techo
Málaga
Tengo los pies mojados
el flequillo amurallado
los ojos azules
la tez oscura
palmeras en las manos
Tengo la voz rasgada
con acento malacitano
la sonrisa salada
aroma a espeto en el Palo
En la Caleta,
despiertan los amaneceres
y en la Malagueta
los atardeceres se narran
El terral acaricia mis calles
el sol calienta mis vértebras.
Vivo a la espera de que vuelvas
siento que has vuelto
cuando alegre me paseas
