Alfarnatejo es un pequeño municipio situado en el norte de la comarca de la Axarquía, a unos 36 kilómetros de Vélez-Málaga. Se encuentra a 925 metros de altitud, lo que le ha valido el apodo de “Los Pirineos del Sur”, debido a su paisaje montañoso y a la vegetación que contrasta con las formaciones rocosas que rodean el pueblo.
El entorno natural de Alfarnatejo está formado por importantes cumbres de la provincia de Málaga, como el pico del Chamizo (1.637 m), el pico del Gallo (1.556 m) o el pico de Vilo (1.412 m). Estas sierras, de relieve abrupto y difícil acceso, fueron durante siglos refugio de bandoleros, ya que la zona era un paso natural entre el interior y la costa.
La presencia humana en este territorio se remonta a tiempos muy antiguos. En el desfiladero del río Sábar se han encontrado restos arqueológicos del Neolítico, con una antigüedad aproximada de más de 5.000 años. También se han hallado pinturas y restos prehistóricos en cuevas cercanas como la cueva de Pela Horá, la cueva del Chamizo o la cueva de la Morronquera.
Durante la época musulmana, Alfarnatejo debió de ser una pequeña alquería vinculada al cercano castillo de Sábar, situado en el Alto del Fraile, cuyas ruinas aún se conservan. Las primeras referencias documentales sobre el lugar aparecen en el siglo X, cuando se menciona junto a Alfarnate como una zona dedicada a la producción de harina.
Tras la conquista cristiana de la comarca en 1487, el territorio fue repoblado con colonos procedentes de otras regiones. Durante varios siglos Alfarnate y Alfarnatejo compartieron historia y administración, hasta que finalmente se separaron en el siglo XVIII, convirtiéndose en municipios independientes.
Existe además una curiosa leyenda compartida por ambos pueblos que explica los apodos de sus habitantes. Según la tradición, una gran piedra situada en el antiguo camino que unía las dos localidades cayó al centro del camino tras una tormenta. Para retirarla, los vecinos de Alfarnate propusieron moverla con palancas, mientras que los de Alfarnatejo preferían cavar alrededor como si fueran tejones. Finalmente la piedra rodó hasta el río y desde entonces los alfarnateños son conocidos como “palancos” y los alfarnatejos como “tejones”.
Uno de los edificios más representativos del municipio es la Iglesia del Santo Cristo de la Cabrilla, construida en el siglo XVIII y considerada por los vecinos un símbolo de la identidad propia del pueblo.