El municipio de Arenas ha sido, desde tiempos muy antiguos, un enclave estratégico dentro de la comarca de la Axarquía. Su posición elevada permitió controlar amplios territorios, razón por la cual en sus alrededores se levantó el castillo de Bentomiz, una de las fortalezas más importantes de la comarca durante gran parte de su historia. Este castillo dio nombre a la sierra que separa la Axarquía de la provincia de Granada y tuvo un papel destacado en distintos episodios históricos, entre ellos la rebelión morisca de 1569.
Antes de la llegada de los musulmanes, estas tierras ya habían sido ocupadas por íberos y romanos, quienes supieron apreciar el valor estratégico del lugar. Sin embargo, fue durante la época andalusí cuando el pueblo adquirió gran parte de su configuración urbana actual. El trazado del casco antiguo, con calles estrechas y sinuosas adaptadas a las pendientes del terreno, es una clara herencia de aquel periodo.
El núcleo urbano se organiza alrededor de la iglesia de Santa Catalina, levantada sobre el solar de una antigua mezquita. A su alrededor se extiende un entramado de callejuelas empinadas y rincones típicos adornados con macetas y pequeños jardines que recuerdan el pasado morisco del municipio. Entre las calles más representativas se encuentran Arroyo Bajo, Perchel, Enmedio, Estación o Rinconcillo.
Tradicionalmente el pueblo se dividía en tres zonas bien diferenciadas. El Barrio Alto, conocido como Alto del Lugar, era el lugar donde residían artesanos, herreros y alfareros. El centro urbano estaba ocupado por las familias acomodadas y en él se sitúan edificios destacados como el Ayuntamiento y la plaza de la iglesia. Por último, el Barrio Bajo, también llamado Cantarranas, era la zona donde vivían trabajadores, pastores y vecinos de condición más humilde.
En la pedanía de Daimalos se conserva una de las herencias más valiosas del pasado musulmán del municipio: una fuente árabe y el antiguo alminar del siglo XIII, hoy integrado como torre de la iglesia parroquial.
El entorno natural de Arenas está formado por terrenos secos y pedregosos que no siempre son favorables para muchos cultivos, aunque resultan ideales para la vid, lo que permitió durante siglos el aprovechamiento agrícola de sus laderas soleadas.