Época Romana
La Málaga romana, conocida como Malaca o Malacca, fue una próspera ciudad integrada en la Hispania Ulterior tras la conquista romana en el año 218 a.C.. Construida sobre un antiguo asentamiento fenicio-púnico, la ciudad se convirtió en un importante núcleo comercial gracias a su activo puerto y a la industria pesquera, especialmente la producción de salazones y garum, muy apreciados en todo el Imperio.
Durante el siglo I d.C., bajo la dinastía Flavia, Malaca recibió el rango de municipio romano, lo que impulsó su desarrollo económico, cultural y urbano.
Entre los principales vestigios de este periodo destacan:
- El Teatro Romano, construido en el siglo I a.C. a los pies de la Alcazaba y utilizado hasta el siglo III.
- El yacimiento del Museo Thyssen, donde se conservan restos de viviendas, calles y tabernas de los siglos I al IV d.C., que muestran cómo era la vida cotidiana en la ciudad.
- Las factorías de salazones, descubiertas en distintas zonas del centro histórico, que evidencian la importancia de la actividad pesquera.
Durante la época imperial la ciudad se expandió hacia el oeste y el norte, y entre los siglos III y IV fue protegida con murallas defensivas. Posteriormente, en el siglo VI, Malaca continuó siendo un importante enclave comercial durante la etapa bizantina.
Gracias a su ubicación estratégica en la Vía Hercúlea, Malaca mantenía conexiones con ciudades como Corduba (Córdoba) o Hispalis (Sevilla), consolidándose como uno de los puertos más activos del sur de Hispania.
Teatro romano
El yacimiento del Museo Thyssen
Las factorías de salazones
