Málaga visigoda y bizantina
Una ciudad entre dos mundos
Tras la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476, muchas ciudades de la península ibérica vivieron una etapa de cambios e inestabilidad. Málaga no fue una excepción. Durante varios siglos, la ciudad quedó en medio de la disputa entre el reino visigodo de Toledo y el Imperio Bizantino, que intentaba recuperar parte de los territorios del antiguo Imperio Romano.
Este periodo, que abarca aproximadamente entre los siglos V y VII, fue una etapa de transición en la historia de Málaga. La ciudad mantuvo su importancia como enclave portuario, pero su control político cambió varias veces entre visigodos y bizantinos.
La provincia de Spania
A mediados del siglo VI, el emperador Justinianiano I, gobernante del Imperio Bizantino, inició una serie de campañas militares para recuperar territorios que habían pertenecido al Imperio Romano.
Entre los años 552 y 555 d.C., las tropas bizantinas lograron controlar una parte de la costa sur de la península ibérica, incluyendo Málaga. Estos territorios formaron la llamada provincia de Spania, dependiente del Imperio de Oriente.
Durante este periodo, Málaga —conocida entonces como Malaca— se convirtió en un enclave estratégico tanto desde el punto de vista militar como comercial. La ciudad servía como puerto y punto de conexión entre el Mediterráneo oriental y los territorios hispanos.
La presencia bizantina también dejó una influencia cultural y artística de carácter oriental, visible en algunos elementos arquitectónicos de la época, como el uso de determinados capiteles, columnas y estructuras constructivas.
El dominio visigodo
Mientras Bizancio controlaba parte de la costa, el interior de la península estaba gobernado por el reino visigodo, con capital en Toledo.
Los visigodos habían ocupado Hispania tras el declive del Imperio Romano y trataban de consolidar su dominio sobre todo el territorio. Durante este periodo, Málaga continuó siendo una ciudad activa y con tradición romana, manteniendo su importancia como puerto mediterráneo.
La situación cambió definitivamente a comienzos del siglo VII. El rey visigodo Sisebuto lanzó una campaña militar contra los territorios bizantinos del sur de Hispania y logró recuperar Málaga entre los años 613 y 615 d.C.
Desde ese momento, la ciudad quedó integrada definitivamente en el reino visigodo.
Cristianización y vida urbana
Durante la etapa visigoda, el cristianismo se consolidó como religión dominante en la región. Málaga funcionó como sede episcopal, lo que indica la existencia de una comunidad cristiana organizada y con cierta importancia dentro del territorio.
Uno de los restos arqueológicos más representativos de este periodo es la Basílica de Vega del Mar, situada en San Pedro de Alcántara. Este complejo religioso refleja la fuerte presencia del cristianismo en la costa malagueña durante la época visigoda.
El final de una etapa
El dominio visigodo sobre Málaga se mantuvo hasta comienzos del siglo VIII. En el año 711, la llegada de los musulmanes a la península ibérica transformó profundamente el panorama político y cultural del territorio.
La ciudad pasó entonces a formar parte de Al-Ándalus, iniciando una nueva etapa histórica que convertiría a Mālaqa en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo.
Basílica de Vega del Mar
Restos arqueológicos

